Estamos cansados de verlo, hipotecas a las que aparentemente les queda por amortizar una elevada cifra, por ejemplo pongamos doscientos cincuenta mil euros, cuando en realidad la deuda pendiente se queda en setenta mil. Sin embargo las subastas por disolución de proindivisos en ocasiones suelen convertirse en procesos impredecibles. Por un lado se encuentran los copropietarios que disponen siempre de la mejor información y por otra parte, y esto es lo peor de todo, suelen tratarse de personas inexpertas en la materia que casi siempre cometen los mismos errores.
– En la mayoría de los casos no calculan de forma adecuada y con la cabeza fría, el valor real de las propiedades subastadas.
– No suelen elaborar una detallada estrategia de acuerdo a su interés de comprar o de que sean otros los que ejecuten el proceso de compra.
Es muy común que los copropietarios se presenten en la subasta con la idea clara de que su bien vale más de lo que en realidad supone. Y con esa mentalidad no se suelen conseguir los objetivos planteados.
Con respecto al otro error, es más común de lo que se pueden imaginar. Lo primero que deben decidir los copropietarios que acuden a este tipo de subastas es si lo que desean es comprar al precio más bajo posible o si su intención es que sean terceras personas las que procedan a la compra al precio más alto posible para que la parte que les corresponda recibir a ellos sea más elevada.



